Pensar la economía libertaria: Un proyecto alternativo al mercado

por Christophe

 

El problema de cualquier organización social es la producción y el reparto de la riqueza. Es claro que esto hace necesario hacerse las preguntas de ¿que producir?, ¿como producir?, ¿A quien dar lo producido y según cuales criterios?. En una economía capitalista es el mercado quien responde a estas tres preguntas. El beneficio (por vía de los precios) es el que orienta la producción, son los costos (por consiguiente el beneficio) los determinantes del modo de producción y son las rentas (salarios y beneficios) quienes determinan la capacidad de cada uno para consumir.

Por esto el mercado, para poder individualizar la participación de cada uno y por consiguiente retribuirlo, ha necesitado de una diferenciación de las funciones que no se realiza según los quehaceres del individuo sino por la exigencia del sistema. La negación de la persona asume por ello la forma de una seudo autonomía del individuo; así la fuerza del mercado es también la razón esencial para que esta sea una organización nefasta, inicua de la sociedad.

Pensar una Economía Libertaria quiere decir así recoger las mismas preguntas dándoles respuesta distinta en función de satisfacer la necesidad de igualdad social, de solidaridad y de libertad real. Esto significa impugnar los dos pilares sobre los que se basa el capitalismo: mercado y división social del trabajo. Significa atacar aquello que justificaría al mercado, a través de la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción (y luego del beneficio como fin) y la eliminación del salariado (en cuanto mercantilización de la capacidad física e intelectual de cada uno). Igualmente pasa, en tanto justificación de la división social del trabajo, a través de la desaparición o el reparto de las tareas no gratificantes y la minimización de los tiempos colectivos de producción. ¿Entonces que hacer?, es pertinente esclarecer un proyecto alternativo al mercado y a la división social del trabajo; para esto probemos a "lanzar algunas pistas", esperando que otros las seguirán y profundizaran.

 

¿QUE PRODUCIR?

 

No es el mercado, y luego la búsqueda del lucro, quien debe definir aquello que se produzca. Seguir con el "mercado" significa permitir que una minoría (los poseedores de capital, los capitalistas) imponga su elección a la mayoría, ajenos a intereses en verdad ligados a necesidades sociales reales. Al contrario, deben ser los deseos y las necesidades de la población los que por si solos determinaran los bienes y servicios a producir. La única justificación del trabajo humano (dando por descontado que representa una fatiga) debe ser la satisfacción de las aspiraciones colectivas. En otras palabras, debemos escoger en conjunto aquello que valga la pena de ser producido colectivamente. Todos los grupos humanos deben poder fijar libremente la carga de trabajo que se acepta soportar para arribar a una determinada producción. Esto permitirá la desaparición de la producción antisocial (en la medida en la cual esta no aporta nada a la comunidad pero costándole muchísimo), como de los gastos militares, de las cargas del capitalismo (encuadramiento del trabajo, jerarquías...) y de aquellas debidas al mercado (publicidad, comunicación manipulada...) que hoy representan un tercio de la producción y también un tercio del trabajo.

Eso que la comunidad asume como voluntad de producción debe por consiguiente llevar a un "tiempo social de producción", en el que las personas producen colectivamente los bienes deseados y decididos colectivamente. Debe ser el mismo para todos y cada uno de los que contribuyen, se pena de ser excluido del grupo. El resto del tiempo esta a exclusiva disposición de cada individuo que puede dedicarlo a actividades sociales o individuales propiamente humanas.

El trabajo es un constreñimiento: debemos de hacer todo para minimizarlo produciendo lo que ha sido colectivamente determinado como útil y repartiendo de manera equitativa las tareas que de ello surgen.

Asunto pues que se coloca en el centro de nuestra atención es la definición democrática y federal de las tareas, y su esbozo en un plan de producción que sustituya el "diktat" del mercado y del dominio.

 

¿COMO PRODUCIR?

 

En esto los principios deben ser claros: abolición del salariado y de la propiedad privada de los medios de producción. Son estos dos aspectos los que constituyen hoy el fundamento de la explotación y la dominación.

Así, la propiedad social de los medios de producción es condición que permite la real selección democrática y federal de aquello que se debe producir y de la organización del trabajo. La autogestión permite la transferencia del poder a aquellos que producen, el reparto igualitario de la riqueza y restituir un sentido a la actividad social de producción.

Debemos valorar tres principios:

 

 

 

La rotación de oficios y su distribución igualitaria permite impugnar desde sus fundamentos al principio de la división social del trabajo y la clasificación meritocrática que opera hoy sobre los dominados. Aquello implicaría obligatoriamente un proceso de formación permanente y permitiría afirmar que el discurso sobre las competencias de las personas es un discurso mistificante, que legitima la desigualdad, que supone no nos seria posible ejercer variadas ocupaciones que exijan de elevadas competencias.

 

¿COMO REPARTIR?

 Hoy, la retribución de la eficiencia supuesta de los trabajadores según el mercado (y también fuera del mercado en tanto fuera del beneficio, como ocurre con las funciones publicas) es el verdadero centro de la dominación que todos sufrimos. La abolición del salariado debe traer un cambio de perspectiva. Contribuyendo cada uno de manera igual a la utilidad colectiva, lo que se inicia en el momento en que nos hacemos cargo de un tiempo social de producción, cada uno debe gozar en modo igual de los derechos derivados de dicha producción. Estos derechos no pueden ser como ahora, derivados de una función social ligada a la división social del trabajo. El tiempo de trabajo social debe proveernos del nivel de producción y riqueza decidido por y para todos. Esta es la igualdad a partir de la cual puede emerger la libertad. Debemos separar la tarea efectuada y el derecho sobre los bienes que se retiren. Esto se debe hacer sobretodo a partir de la rotación de tareas, de la desaparición (gracias a la innovación tecnológica) o del reparto igualitario de las ocupaciones juzgadas no gratificantes (y también de aquellas consideradas gratificantes), haciendo humana a la sociedad.

Así, al plan de producción decidido en colectivo y por gran mayoría se agregara el plan de distribución. Esto solo debe calcular el tiempo social de producción, que cabe conjeturar reducido a no más de 4 horas por día; el resto del tiempo es aquel de la producción libre, de la creación... de la pereza o del amor.

Es así urgente dilucidar los principios constituyentes de un claro proyecto alternativo libertario. Esto nos permitirá ser más precisos e incisivos en la critica a la sociedad capitalista y homogeneizar al menos un poco nuestro discurso, aun cuando al contrario de otros, no creemos que sea posible preverlo todo.

 

 

 

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